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No nació en El Bierzo pero asegura que esta tierra le representa. El artista urbano Asier Vera recuerda de adolescente cuando compraba la revista 'El Jueves' y en las páginas centrales se topaba con pegatinas de la lucha de los mineros en la comarca, «el orgullo de una tierra por defender lo suyo», resalta.
Una pelea por salir a flote que refleja en la camiseta blanquiazul (también representativa del equipo de su tierra, Donosti) a la que ha dado vida para el espacio creativo y tienda Unreal, 'un cacho de trozo del alma de la calle', según apellida, y que acaba de abrir en el número 12 de la avenida de la Puebla de Ponferrada. «Un punto de encuentro para los que buscan lo exclusivo, lo auténtico y lo que no se encuentra en ningún otro lugar», indica.
Una camiseta con la imagen de la primera bandera de los soldados americanos en la batalla de Iwo Jima en la Segunda Guerra Mundial, en este caso cambiados por mineros, que bien podría ser de la Ponferradina o de la Real Sociedad, y que «representa ese espíritu incombustible, de lucha y de pelea que a día de hoy mucha gente que vive aquí sigue teniendo», remarca. «Eso que hace que esta tierra no muera del todo», insiste Asier.
Precisamente la lucha minera es un símil de lo que ha sido su vida. «Llegar aquí, intentar hacer cosas, que salgan mal, te caigas, vuelvas a levantarte pues un poco como la Ponfe que siempre llega ahí, a jugar para subir pero nunca termina de subir, siempre peleando». Por eso la galería-tienda es «un espacio vivo y multiusos», en resumen, un apéndice de su estudio con el pretende «dar un poco más de vida» a la avenida de la Puebla, una de las arterias comerciales de la ciudad que afronta su propio proceso de revitalización.
Asier es de Donosti. Llegó desde Madrid a Ponferrada el día de Reyes de 2014. «Vine porque mi mujer ya estaba aquí, estuve dos años y pico viniendo fin de semana sí, fin de semana no, y al final dije: me largo ya». En ese momento trabajaba en la capital de España en estudios de diseño, en productoras para cine y televisión, pero El Bierzo ya le tiraba. «Siempre había querido tener cuando fuese mayor un caserío o vivir en el monte en un caserío y ya sonaban las alarmas de que me tenía que largar de Madrid porque ya no aguantaba más», recuerda.
Fue por amor como arribó en Ponferrada en un momento en el que la vida le dio la oportunidad de reencontrarse con Paloma, su mujer, a través de Facebook. «Al final, por qué viene la gente aquí al Bierzo, todo el mundo que me encuentro es por lo mismo, por trabajo no porque ya ves cómo está esto y por eso acabé aquí, y aquí estoy y de aquí no me muevo», señala.
En Madrid Asier Vera pintaba los fines de semana. «Hacía el graffiti que todo el mundo conoce, pintaba murales con los amigos pero sin cobrar, profesionalmente, igual salía algún encargo que medio cobrabas bien y lo hacía», explica. Pero la vida se la ganaba trabajando en el mundo audiovisual, en estudios de diseño, productoras y haciendo publicidad.
Llegó a Ponferrada «con una mano delante y otra detrás». Con algún cliente que todavía tenía en Madrid cuando era freelance «iba sacando perrillas» y decidió meterse a pintar murales, a hacer encargos y decoraciones. «Por eso estoy aquí porque a mi siempre lo que ha me gustado ha sido pintar, lo de mover o animar las cosas que pintaba en los estudios de animación y en lo que trabajaba estaba bien pero al final seguía trabajando para otro y yo lo que quería era trabajar para mí de esto», señala.
Asier tiene un buen recuerdo de su desembarco en la capital berciana. «Me recibieron bien aquí, aparte de que tampoco había nadie que pintara a la escala que lo hacía yo, así que tanto para bien como para mal era el único y se hablaba de mi», explica.
Su desembarco en la ciudad coincidió con el Mundial de Ciclismo, una oportunidad que no dejó pasar. «Subí al Ayuntamiento porque estaban pintando cosas y dije que podía pintar alguna fachada grande». Fue entonces cuando «sin cobrar nada», solo el Ayuntamiento corriendo con el gasto de pintura, materiales y la grúa dio vida a la imagen de un ciclista con El Extraterrestre (ET) en una cesta con el lema 'Lo importante no es la meta, sino el esfuerzo para llegar a ella' que se puede contemplar en la confluencia con las calles Doctor Fleming y Gregorio Marañón. La segunda que pintó en la ciudad por detrás de la situada en una fachada del entorno del centro de salud de Pico Tuerto con una cara realizada con recortes de diferentes razas con el eslogan: 'La única raza es la humana'.
Una publicidad gratuita que le llegó de la mano del Mundial de Ciclismo y que le ha servido para dar repercusión a todo lo que hace, hasta el punto que sus trabajos dan color y vida a espacios ubicados en diferentes calles de la ciudad. «Es tan pequeño esto que el boca a boca va funcionando y al final sigo trabajando», remarca Vera. Asegura que trabajar en Ponferrada le permite tener un portfolio decente que puede mover fuera para ir sacando trabajos.
En Ponferrada le conocen por lo que pinta en las fachadas en las que hay estilos de todo tipo porque «son encargos y dependo del gusto del que me encarga aunque yo lo que hago es traducir la idea que tiene la gente en la cabeza y pasarla a la pared», apunta. Pero aparte de los botes de spray Asier Vera también utiliza los pinceles y pinta cuadros con óleos y acrílicos. «Eso la gente no lo sabe, se piensa que solo pinto con spray», señala. «Utilizo un montón de técnicas pero es como más íntimo porque son trabajos que me salen a mi de dentro y que quiero sacar yo no que me impongan con una temática», subraya.
En la exposición con la que ha inaugurado su galería, espacio creativo y tienda hay cuadros de Nex Graff un artista de 21 años vecino de su barrio de Donosti, que estudia Bellas Artes. La muestra incluye obras de una artista amiga de Ponferrada CHN y de Soen Bravo, otro amigo de Madrid que utiliza las alarmas de objetos que venden en El Corte Inglés para tener un discurso de trasfondo en los cuadros. A ellos se unen láminas de un artista tatuador de Ponferrada y algún trabajo del propio Asier Vera. «Tenemos acrílicos, con sprays, todo óleo o mezcla de rotuladores y acrílicos y al final cada uno representa lo que quiere representar», dice.
Entre las obras se hacen hueco también colocadas en una estantería las camisetas que el propio artista personaliza. «La gente puede venir, elige el modelo que le gusta y le buscamos la talla», apunta Asier, alma de la marca Unreal. Si le preguntas qué significa asegura que «un montón de cosas» con las que quiere desmitificar la idea de ponerse la corona para ser el rey cuando en ocasione lo que abunda es la mediocridad. «Nace un poco de la necesidad de poner a cada uno en su sitio y revelarnos, que yo no me pongo ninguna coronita sino que yo la tacho, no me gusta que nadie vaya ni de rey ni de reina, la gente te tendrá que decir que eres el rey, no tú mismo».
Vera se define como «un tío que pinta». En Ponferrada fue donde tomó la decisión de dedicarse única y exclusivamente a pintar y el estar aquí en lugar de en Madrid también le permite tener menos ruido en la cabeza, menos distracciones y menos prisas lo que le ayuda en su proceso creativo. «Estás menos pendiente del tiempo que en una gran ciudad y eso te permite más conocerte, escucharte, escuchar a tu estilo o buscar ese estilo que siempre buscamos y tardamos en encontrar o nunca encontramos, eso es gracias a haberme venido aquí, si siguiese en Madrid no estaría en este punto que estoy ahora mismo». Un momento en el que quiere «meterse en el estudio y hacer cosas, pintar cuadros, investigar y hacer otro tipo de arte, que no el que todo el mundo está acostumbrado a ver».
Llegar al Bierzo también le ha permitido al Asier artista pagar una deuda pendiente que tenía con él mismo, con su abuelo y con su padre para aferrarse al campo y cultivar su propia huerta. «Fue algo que ellos siempre quisieron tener y no tuvieron», apunta, justo cuando ya prepara su huerta en el camino del Escaril para una nueva cosecha. Un terreno que él y su mujer trabajan con otra pareja de amigos con los que se reparten los cultivos. «En la nuestra el año pasado pusimos patatas, calabazas, melones, sandías, calabacines y en la de los otros colegas teníamos pimientos, tomates».
Es otra forma de explorar el arte desde lo rural que Asier utiliza «para descargar la mala leche que me produce este otro». «Aquí no te das cuenta de que te estresas pero llegas un día a la huerta pegas cuatro hachazos o te descalzas y dices: necesitaba esto», concluye.
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