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Imagen antigua de Sombo cocinero del Hotel Lisboa (I) y Paciano el camarero de sala (D) junto a Manuel 'Carburo' y Manu García (imagen inferior), en el restaurante '7 Sillas'.

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Imagen antigua de Sombo cocinero del Hotel Lisboa (I) y Paciano el camarero de sala (D) junto a Manuel 'Carburo' y Manu García (imagen inferior), en el restaurante '7 Sillas'. Carmen Ramos

El hotel de Ponferrada en el que se alojó Franco: «Allí vivíamos y éramos una familia»

Grandes figuras del Teatro Principal, médicos, abogados y comerciantes pasaron por un negocio que se convirtió en el epicentro de la vida social en la Ciudad del Dólar

Carmen Ramos

Ponferrada

Lunes, 31 de marzo 2025, 08:14

Grandes figuras del Teatro Principal, médicos que atendían a sus pacientes en las habitaciones, abogados, comerciantes e incluso el mismísimo Francisco Franco. En el Hotel Lisboa de Ponferrada cabía todo, excepto cómicos, toreros y gentes de mal vivir. Eran las normas que marcaba el bisabuelo que convirtió al emblemático establecimiento en toda una referencia y epicentro de la vida social de la Ciudad del Dólar desde que en 1918 abriera sus puertas.

Más de 70 años de historias en un establecimiento que dejó huella en la capital berciana y que se cocieron a fuego lengo en su cocina, en su comedor, en sus pasillos e incluso en sus habitaciones que hoy guardan todavía en silencio y con su acceso y ventanas tapiadas el emblemático edificio ubicado en las inmediaciones de la plaza del Ayuntamiento de Ponferrada.

Cerró sus puertas en los años 90 del siglo pasado y hoy el inmueble está en ruina. Pero otrora fue una parada obligada para cuantos hacían parada en la ciudad. En el caso de algunos llegó a convertirse incluso en su casa y en su lugar de trabajo.

Una historia de hospitalidad que sigue viva en el restaurante '7 Sillas' situado en la emblemática plaza del Ayuntamiento, a escasos metros de la casa en ruinas del Hotel Lisboa, de la mano de Manu García, la tercera generación a la que junto a su hermana le salieron los dientes en el negocio hostelero y que ha sabido conservar todo el buen hacer y el sabor de algunos de los platos que cocinaba su abuela. Entre ellos los huevos nantúas, una elaboración realizada con bechamel, rellena de rape, mejillones, almejas y salsa americana «que los hacía sobre todo para las celebraciones de bodas», explica. «Lleva inventado alrededor de unos 80 años y sigue presente», remarca.

Manolo 'Carburo', apodo que al igual que el hotel fue la herencia del abuelo con raíces gallegas que regentó en la plaza de la Encina la única joyería con luz en su escaparate a base de candiles de carburo, apenas puede contener las lágrimas al contemplar el estado en el que se encuentra el inmueble. Él es el primer heredero de aquella arraigada tradición en la que el hotel era su casa. «Allí vivíamos y éramos una familia», resalta.

Cesáreo Gómez: de joyero a hostelero

La historia del Hotel Lisboa la comenzó a escribir Cesáreo Gómez, su abuelo, natural de Esgos (Orense) que se fue a Lisboa (Portugal) donde aprendió el oficio de relojero. Después de vivir unos años allí vino para Ponferrada junto a su mujer que era de la localidad también orensana de Petín y montaron una joyería en la plaza de la Encina.

Luego llegaría el hotel. El inmueble en el que se abrió fue inicialmente una casa de oficinas en la que «estuvo Telefónica y otras empresas de distinta índole», relata Manolo. Su abuelo compró el edificio y al pasar Telefónica al barrio de la Puebla «empezó a circular el hotel como tal».

Imagen antigua del Hotel Lisboa del archivo de la Biblioteca Municipal de Ponferrada.

Recuerda que de aquella «todavía anuncios que ponían agua caliente y fría en todas las habitaciones, era curioso». En la parte baja de la ciudad operaba ya el Hotel Madrid. «Eran los dos que había en Ponferrada en aquella época». Era el momento de la Ciudad del Dólar. «Había dinero en Ponferrada y muchísimo, entonces no había preocupación ni dolor ninguno».

Una «santa casa»

Por el Lisboa pasó «un montonísimo de público impresionante», desde profesores, médicos y políticos de la época hasta el generalísimo Francisco Franco que también se alojó en sus habitaciones. «No recuerdo muy bien si fue cuando se inauguró el pantano de Bárcena o la central térmica», señala Manolo 'Carburo' tal y como le comentaba su familia. «Era el hotel que había en aquella época junto con el Madrid entonces por narices, o por una cosa o por otra acudían».

La «amabilidad y el cariño» era la marca del hotel «porque éramos placer de casa ajena», apunta la segunda generación al frente del Lisboa. «Era una casa grande porque teníamos muchos clientes, muy asiduos todas las semanas». Tanto que incluso ellos mismos al llegar tomaban la habitación. «Si no había nadie de nosotros porque estábamos haciendo algo veían una habitación libre, la cogían y luego nos decían oye que me metí en esta habitación, vale, sin problema ninguno».

Hubo muchos clientes que «estuvieron años y años» viviendo en el propio hotel. Es el caso del médico Pepe González «que estuvo aquí quince años viviendo y como él un montón de gente más, profesores del instituto pasaban todos por el hotel, estaban aquí todo el curso y ya les quedaba la habitación reservada para el siguiente».

Entre las anécdotas, destaca la de un registrador de A Coruña que se puso enfermo en el Lisboa y lo operaron en la misma galería del establecimiento, en la parte trasera de la que era la «santa casa» de Manolo, de su familia y de todos los que en ella vivían y se hospedaban.

Aparte de su hospitalidad si por algo destacó el Hotel Lisboa fue por su extraordinaria cocina. «Se cocinaba excelentemente», apunta Manolo. Su tío Sombo tuvo en el hotel a un chef francés en su primera época antes de ponerse él mismo al frente de los fogones. «Fue alumno de este chef de Francia que fue el que le puso un poco al corriente de lo que era la verdadera cocina tradicional», asevera. De la abuela Elena uno de sus platos más famosos también el lacón con grelos que su nieto replica con nuevos aires de modernidad en el '7 Sillas'.

«Nacimos en un hotel»

Manu García es la tercera generación al frente de la tradición hotelera que dejó el Hotel Lisboa. El tema de la hostelería «no lo elegimos, nos vino de herencia» de sus abuelos y de su padre ahora, ya jubilado, con el que arrancó el proyecto del '7 Sillas'. «Es un poquito más desenfadado», explica Manu, todo ello sin perder un ápice de su esencia como restaurante familiar.

Imagen de una comida en el comedor del Hotel Lisboa de la capital berciana.

«Aquí puede venir un abuelo con un nieto a comer, se pueden organizar comidas, cenas familiares, de amigos, gente joven, mayor». Todo ello con las mismas ganas que se hacía en los mejores tiempos del Hotel Lisboa. «Que la gente esté a gusto, que coma bien y dedicarle todo el tiempo y dedicación posible», subraya.

Él tiene pocos recuerdos del hotel porque cerró precisamente en el año en el que él nació pero sí que le viene a la cabeza cuando su padre regentó el bar del Teatro Bergidum durante años y utilizaba la cocina del hotel para las elaboraciones del coliseo. «Entonces yo me crié también corriendo y subiendo las escaleras del Hotel Lisboa, osea que nacimos en un hotel por así decirlo».

El '7 Sillas' está vinculado a la tradición familiar adaptándose a la vez al paso del tiempo y a todos los avances que ha experimentado el mundo de la gastronomía. «Nosotros somos firmes defensores de que lo nuevo y lo antiguo si le dedicas tiempo y dedicación sigue siendo lo mejor del mundo», subraya Manu. Algo que se refleja en la carta donde tienen desde un lacón caramelizado con pimientos asados del Bierzo que hacía la abuela y unos huevos nantúa. «Yo diría que el 80% de las ventas que tenemos son los productos que ya hacía la abuela». «Siguen presentes, no hay que inventar nada nuevo» dice.

Una casa en ruinas

A su padre Manolo 'Carburo', la segunda generación de herederos del Lisboa se le cae el alma al suelo cada vez que pasa junto a la casa y ve la ruina en la que se ha convertido el hotel donde pasó buena parte de su vida. Un negocio que lo tuvieron que dejar motivado por problemas de herencia cuando tenían ya planeado su futuro para poder darle continuidad.

«Teníamos ya proyectos organizados para poder seguir con el hotel de aquella pero por circunstancias que no vienen al caso se tuvo que cerrar porque mi familia se jubiló y al jubilarse el abuelo había dejado en la herencia hasta que se jubilasen y a partir de ahí ponernos de acuerdo si queríamos o no seguir, nosotros queríamos seguir pero la otra parte de la familia que no tenía nada que ver con el hotel se echaron para atrás y ahí se cerró la historia», señala Manolo.

Tras su cierre fue vendido a un primer comprador, José María, que quiso reabrirlo pero se encontró con problemas para adaptarlo de nuevo como hotel al tratarse de un inmueble protegido por el Ayuntamiento. «No sé para que protegen una cosa si luego no la cuidan», lamenta con impotencia 'Carburo'. La casa se llegó a vender por segunda vez «a otro señor que también lo intentó y tampoco pudo hacer nada». Manolo lamenta que así «lo único que han conseguido es destruir un edificio que podía seguir funcionando y en perfectas condiciones y así estamos como estamos».

Con unos cuantos años de diferencia, los hijos de Manolo 'Carburo', que crecieron unos años corriendo por los pasillos del Lisboa, guardan todavía el deseo de recuperarlo. «Mi hija dice que como le toque la lotería vuelve a hacer otra vez el mismo hotel», concluye.

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